martes, 19 de mayo de 2020

Fracasar en la innovación



¡Morir! 

Eso es lo peor que le puede pasar a uno en un juego ¿No?

¡Pues No!

Bueno, depende del juego. En algunos juegos, morir es el fin. Así era hasta hace un tiempo. Si morías jugando ajedrez (o, mejor dicho, llegabas a estar tan encerrado que sabías que no podrías sobrevivir), perdías el juego. Chao, chao, El juego terminaba y tú habías sido derrotado.

Pero eso ha cambiado. Bueno, el ajedrez no ha cambiado. Aún pierdes el juego si tu rey es acorralado. Pero en el mundo de los juegos, ha cambiado el hecho de que morir sea el fin del juego. Los video-juegos han logrado este cambio.

Ahora es posible jugar el mismo juego despuès de haber muerto. 

¡Y atención! Estoy diciendo EL MISMO JUEGO. No estoy diciendo: "Despuès de que mueres puedes volver a intentarlo y empezar de nuevo". No. Estoy diciendo que morir es parte del juego.

Obviamente veamos Fortnite. En Fortnite, mueres muchas veces. (Alguien como yo muere muchìsimas veces). Pero eso no te saca del juego. De hecho, morir, es parte de la acción, de la aventura.
Esto cambia por completo la experiencia de juego. 

Y no es que por el hecho de que sigas jugando aunque hayas muerto, la posibilidad de morir ahora ya no te preocupe. Sigue siendo un momento culminante. Esto se nota en el hecho de que en un enfrentamiento "a muerte" con otro jugador, ambos utilizan su capacidad al máximo para tratar de NO MORIR (mediante el obvio recurso de matar primero al otro). Ambos lo hacen porque saben que aquí está la prueba máxima. Si pierdes, si mueres, el otro jugador se queda con todo, el sitio, armas, tesoros. Pero una vez mueres, apareces nuevamente volando sobre unas hermosas islas, teniendo que tomar decisiones importantes. El juego no te da tiempo para lamentarte. Y quiero repetir esta frase: EL JUEGO NO TE DA TIEMPO PARA LAMENTARTE. Moriste, y unos segundos después, estás nuevamente en mitad de la acción.

¿Tiene esto algo que ver con la innovación?

TODO.

¿Recuerdan cuando hemos hablado de que innovar es un proceso de intentar, fracasar, ajustar y volver a intentar? Si no lo recuerdan, pueden darse un paseo por las otras publicaciones del Blog. Pero lo cierto es que es así. Innovar es una aventura en la que has probado muchas cosas, has fracasado, y has intentado unas nuevas, aprovechando la experiencia que has adquirido. 



Pero esta definición corresponde a la categoría de las definiciones que "Se dicen fácil, pero se aplican con mucha dificultad". 

En la "vida real", si mueres haciendo una innovación, MUERES. Pierdes una de las vidas disponibles. Dos muertes más y te echan del juego. De la empresa. En la "vida real" no re-encarnas automáticamente, con toda tu salud al máximo, y empiezas nuevamente a explorar. En la "vida real" SÍ tendràs tiempo suficiente para lamentarte, y, si tratas de olvidar la experiencia (cosa que no deberìas hacer si quieres aprovechar el conocimiento adquirido), alguien o algo se encarga de recordarte tu fracaso y advertirte que estás a prueba. Que lo mejor será que no vuelvas a fallar. 

Si los entornos de las organizaciones permitieran morir, revivir inmediatamente y re-tomar la acción con la misma energía, la dinámica innovadora tendría otra velocidad. Claro, un gerente de empresa nos dirá: pero es que en el juego, la muerte de un jugador no afecta para nada el juego, mientras que en la empresa, un fracaso  al lanzar el producto equivocado puede llevar a la quiebra.

Touché.

Muy válido ese argumento.

Así que si queremos que la dinámica innovadora se acelere, si queremos transformar el periodo de lamentación en aprendizaje y hacer que la organización se beneficie de la posibilidad de aplicar lo aprendido en cierto "fracaso" rápidamente, tendremos que encontrar la manera de que todo proyecto de innovación se parezca más a un juego de Fortnite.

¿Cómo podemos hacer esto?

Aquí hay tres acciones:

1. Acelerando. Jugando a la velocidad de Fortnite. ¿Han visto cómo se juega ese endemoniado juego? ¡No hay pausa! Todo sucede rápidamente. Una construcción se hace de manera casi instantánea. Hay que cambiar de arma de manera automática. Hay que reaccionar antes que pensar.
No estoy diciendo que debemos empezar a innovar como locos, sin pensar. Para nada. Pero hay un gran espacio para contagiarse un poco (o mucho) de la vertiginosidad de Fortnite. Innovaciones cortas, rápidas, en todas las áreas de la empresa. Actividad emocionante y frenética. 

2. Haciendo que no importe morir. O al menos, reduciendo el costo que se paga por cada fracaso. Y para esto, la receta es prototipar y validar muy rápidamente. Las pruebas rápidas en entornos controlados, validando hipótesis (si, tenemos que empezar a identificar cuáles son las hipótesis fundamentales de nuestra idea), produciendo versiones de prototipos que antoja empezar a venderlos ya mismo. ¡Y hacerlo! Vender esos prototipos. Y, siguiendo el consejo de punto anterior, ser tan rápidos en la ejecución, que al cliente que compró el prototipo le llega ya el producto final. 

3. Re-iniciando rápido. Diseñando mecanismos de re-inicio automàticos. Logrando que alguien que muere en un experimento, esté de nuevo en la acción 15 segundos después. Podemos hacer esto teniendo el plan B previsto, antes de que lo necesitemos. Esto elimina el tiempo de duelo y de análisis y cauto re-enfoque. Una persona que presenta los resultados de su fracaso, debería, en esa mismas reunión, presentar el estado de su nuevo proyecto, que reemplaza el anterior, que aprovecha la experiencia y que es aún más ambicioso. 

¿Suena loco todo esto?

Si suena loco está bien. Porque solo algunos que logren hacerlo serán los que disfruten realmente el juego de la innovación.

NOTA: Si alguien nota una relación entre la "Filosofìa Fortnite" y el movimiento Ágil, pues no se equivoca. La hay. Les recomiendo este artículo sobre las prácticas de agilidad escrito por Rubén Vega.

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