viernes, 14 de julio de 2017

Innovar es mal negocio ¿No?


Estudios de todo tipo suelen poner en evidencia la cantidad de proyectos de innovaciòn que nunca terminan de arrancar, que fracasan o que tienen bajos retornos. Abogados del bajo riesgo usan estos argumento para apelar a la cordura y convencer a los empresarios de disminuir la energía y la emoción que se pone a las innovaciones radicales y, en cambio, dedicarse, con juicio y determinación, a seguir buscando pequeñas mejoras, innovaciones incrementales. Al fin y al cabo, hay cientos de ejemplos que muestran que con pequeños cambios se pueden obtener grandes ahorros o incrementos significativos en la eficiencia.

Innovatoon. Calculando el riesgo de una idea radical. 2017


Como todos ya sabemos que los extremos son peligrosos, vamos a mediar entre los fanáticos y los detractores de las innovaciones radicales. Y para lograrlo, será necesario poner en claro algunos elementos relacionados con las innovaciones que consideramos "radicales". Algo del estilo "Acabando los mitos de la innovación radical"

MITO 1: Las innovaciones reales implican demasiado esfuerzo o toman mucho tiempo.

Es así ¿No? Al fin y al cabo esas tecnologías que revolucionan los mercados tardan años en realizarse. 

Bueno, pues aquí es necesario hacer algunas precisiones:

Hay innovaciones radicales que provienen de desarrollos tecnológicos complejos (Una minoría)
Hay innovaciones radicales que provienen de desarrollos tecnológicos elementales, o, incluso,
que no requieren ninguno (La mayoría)
Hay desarrollos tecnológicos, básicos o sofisticados, que pueden producir, en el mejor caso, innovaciones incrementales (No son escasos)

Así pues, lo cierto es que solo una parte de las innovaciones radicales realmente requieren esfuerzos mayores en su ejecución. De hecho, muchas innovaciones radicales (MUCHAS), requieren más esfuerzo mental que físico. 

Usemos un ejemplo para explicar este punto. Digamos que usted es un empresario y que su producto estrella es una plataforma de información. Digamos que como estrategia para crecer más rápidamente decide que va a cerrar la mayoría de sus actividades de desarrollo, va a liberar el código y va a confiar en que desarrolladores externos, voluntarios, produzcan las nuevas versiones de su producto. ¿Qué opina? ¿Alcanza a sentir el vértigo?  Creo que estaremos de acuerdo en que, independiente de que esta sea una buena o mala idea, es una idea radical. Y claramente, el esfuero más grande será superar la angustia que, como dueño de la empresa, le produce un cambio tan dramático en la forma de operar. 

La misma lógica se aplica para el tiempo requerido. Hay ideas radicales que se pueden poner en marcha en muy poco tiempo. Y, por otro lado, quienes trabajamos apoyando el crecimiento de empresas, tenemos infinidad de ejemplos de cambios menores que los equipos encargados llevan meses o años tratando de realizar.

En conclusión: Ni las ideas radicales requieren siempre gran esfuerzo o tiempo para su realización, ni las mejoras son siempre rápidas o fáciles de implantar.

Un buen ejercicio para todo empresario es identificar aquellas ideas geniales, que significan un cambio radical en la forma de pensar, que probablemente produzcan grandes beneficios si funcionan y que se puedan poner en marcha usando principalmente la voluntad de cambiar.


MITO 2: La innovación implica un excesivo nivel de incertidumbre

En mi casa, mi madre usaba con sus hijos una venerable frase, ejemplo de la ancestral sabiduría popular, para recalcar la naturaleza irresponsable de alguna acción que les había producido efectos negativos. La frase era: "¿Si ve? ¡Por andar buscando lo que no se le ha perdido!" Lo que hacía más cruel la situación era que emitía su dictamen mientras el escarmentado aún se lamentaba del golpe recibido en la aventura de exploración fallida. 

Es cierto. La innovación radical es una exploración y las probabilidades de éxito no son tal altas como el "explorador" desearía que fueran. 

Pero es muy importante entender que la innovación funciona como esos portafolios de inversión en los que los ingresos obtenidos por una de las inversiones cubre lás pérdidas producidas por otras y el resultado final es positivo.

Efectivamente los resultados de la innovación son inciertos si el empresario ve la innovación como un solo intento. Como un disparo único. Pero si concibe la innovación como algo que se hace a diario, el retorno deja de ser incierto y se convierte en la fuente más confiable de crecimiento. 

Para explicarlo, imaginen que analizamos la práctica comercial de enviar propuestas a los posibles clientes. Si enviamos solamente una propuesta y el cliente no compra, ¿Concluimos que dado que la tasa de efectividad es tan baja debemos dejar de enviar propuestas? No, ¿Cierto? Sabemos que muchos clientes no comprarán pero algunos si. Y con aquella minoría que compre tendremos los resultados que esperamos. 

Es igual con la innovación. Una minoría de proyectos realmente innovadores que funcionen bien bastarán para ponernos en una situación tan privilegiada que no importarán aquellos que no salieron bien.

Por otro lado no hay que olvidar que la propensión al riesgo suele cambiar según el tamaño o antigüedad de la empresa. Un emprendedor puede ser increíblemente arriesgado con su propuesta de negocio pero una vez comprueba su potencial y su empresa crece con el usufructo de dicha innovación, su inclinación por hacer propuestas radicales disminuye en la medida que siente miedo de perder todo lo que ha conseguido. Y a esto contribuye, en alguna medida, la adopción de metodologías que buscan estandarizar las decisiones sobre "ir o no ir" (Stage Gate: el lado oscuro)


Conclusión

Como mi propuesta era mediar entre los críticos y los fanáticos de la innovación radical, es necesario sentar mi posición en el tema.

El abanico de la innovación es maravillosamente diverso. Lo que llamamos innovación radical puede no serlo tanto y lo que llamamos pequeños cambios pueden no ser tan pequeños. El riesgo es alto para los innovadores eventuales pero se hace manejable para quienes se vuelven innovadores permanentes o para quienes tienen menos que perder, como los emprendedores.

En este escenario de altísima diversidad, es conveniente evitar etiquetas que lleven a los empresarios a definir directrices estratégicas que veten lo que puede ser calificado como "radical", porque pueden estar pasando por alto oportunidades maravillosas.

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