lunes, 8 de agosto de 2016

¿Qué fue primero? ¿El huevo de colores? o la gallina innovadora...

¿Cuántos tipos de innovación hay? Bueno, dependiendo del autor, habrá 2, 3, 7, 9, 10 o infinitos.

Realmente es una discusión inútil. Como muchas de las discusiones que se encuentran en el mundo de las empresas.

Yo siempre he sospechado que si algún innovador del mundo real (cualquiera de esos genios que han creado gigantes empresas a partir de una idea emocionante) toma alguno de los exámenes típicos que enfrentan los estudiantes de posgrado de innovación, lo va a reprobar. Dudo que pueda enumerar los tipos de innovación o describir las puertas del Stage Gate correctamente.

Las preocupaciones por definir la innovación, clasificar sus diferentes expresiones o rotular sus etapas, suelen nacer del desespero por acortar la distancia que nos separa de los innovadores natos, de esos que innovan sin saber que lo están haciendo. Nos parece que si le damos estructura a su caótico comportamiento, si imaginamos que sus creaciones pasaron por claras etapas diferenciadas, quizá podamos repetir su éxito. Hacemos reuniones en el Juan Valdez de la esquina con la esperanza de que se nos ocurran las ideas revolucionarias que caracterizan a los innovadores sin oficina. Ponemos Puffs y toboganes para sentirnos en Google.

Innovar no es para todos. Es para desesperados que tienen poco qué perder, para irresponsables que no pueden evitar hacer cosas provocadoras o para soñadores que creen que lo mejor está por venir. Requiere caparazón de Morrocoy o flexibilidad de gato para soportar rechazos y caídas. Requiere espíritu juguetón de niño, paciencia de maestro zen y amor de madre. Requiere tener un cerebro libre de ataduras, con su capacidad de sorprenderse intacta, su habilidad para "reconectar" conceptos desarrollada.

Algunos gerentes y consultores me dicen: ¿Cuál es el secreto suyo para ser tan creativo? ¡Yo quiero hacer lo mismo! Y yo les digo: pues camino todas las mañanas y juego juegos de mesa 18 horas a la semana. Y ellos me miran un rato (para ver si estoy hablando en serio) y dicen: Ah, pero es que yo si no tengo tanto tiempo libre.

Y yo los miro un rato... y no les digo nada.

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