domingo, 10 de abril de 2016

El sombrero de Sherlock Holmes (Innovación "halada" vs. Innovación "empujada")

Sherlock Holmes, el detective, es quizá mi personaje de ficción favorito. Cuando era un niño, yo trataba de pensar como él y ansiaba tener algún misterio a mano para aplicar su forma de pensar, logrando resolverlo de forma tan impresionante, que a todos les pareciera obra de la magia. En aquellos años, mi estrategia para pensar y actuar como Sherlock Holmes era bien sencilla. Vestirme como él. Sospechaba que llevando un abrigo o un sombrero inglés o usando una lupa, encontraría la forma de observar lo que nadie más puede observar. Evidentemente, mi desempeño como detective no era muy brillante. Aun hoy sigo insistiendo con ese truco, cuya efectividad nula se reafirma cada vez, y a veces me pongo el sombrero de Sherlock para pensar como él.  Esta es una foto de mi sombrero:



En esta increíblemente dispareja pareja (Sherlock Holmes y yo), he pensado más de una vez cuando veo a las empresas tratando de innovar. Cada vez que descubro que las empresas siguen mi razonamiento infantil: si me visto como empresa innovadora, seré innovadora. Cada vez que tratan de hacer lo que Google o Apple hacen (Si tenemos un sistema organizado de ideas, como hace BMW, seremos innovadores. Si ponemos comida gratis en la oficina, como hace Google, seremos innovadores), las empresas suelen mostrar que no saben cuál es la esencia de innovar. Ignoran cuál es la
forma de pensar y las capacidades centrales que deben desarrollar para ser tan o más innovadoras que Google o Apple.

Este costoso y esforzado enfoque es lo que podríamos llamar "innovación empujada".

La "innovación empujada" funciona. Produce innovación. Pero no por las razones que creen sus autores. No por el nuevo sistema de documentación del proceso de innovación. No por haber nombrado un "gerente de innovación". Produce resultados porque toda la empresa empieza a hablar de innovación. Porque todos sienten que a la innovación se le ha dado importancia.

Y, aunque produce resultados, no se suele tratar de resultados que estén al nivel de los que generan aquellas organizaciones icónicas a las que queremos imitar.

Hay otra ruta.

La verdadera ruta de la innovación

La innovación "halada"

Esa innovación que se evidencia cuando las organizaciones innovan porque  (1) sueñan con cambiar el mundo, (2) se han dado cuenta que pueden hacerlo y (3) se han puesto manos a la obra.

Si sobre la puerta de entrada de todas las empresas se pusiera un cartel como:

"Aquí no hacemos nada que no cambie el mundo como lo conocemos hoy"

o

"Si no estamos haciendo algo grande, realmente grande, volvamos a empezar"

o

"Si no tiene claro cuál es el nuevo problema vital que estamos solucionando hoy a la humanidad, por favor pase por la oficina del presidente",

las personas encontrarían formas nuevas de innovar. Encontrarían sus propias recetas, sus propios procesos. No sería necesario "importar" fórmulas "comprobadas" para innovar. Los "sistemas de innovación" no serían cascarones vacíos. No tendríamos que empujar a la innovación porque el sueño que perseguimos nos estaría halando. No seríamos pequeños niños tratando de pensar como Sherlock Holmes usando el truco de vestirnos como él.

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