lunes, 4 de agosto de 2014

Jugando todo es mejor

Dos ejemplos de que lo convencional y aburrido puede hacerse divertido...

El primero es mi amigo Luis Carlos Arraut quien usa las viejísimas caritas felices para motivar a los participantes en sus clases de la Maestría en Gestión de la Innovación en la Universidad Tecnológica de Bolívar en Cartagena.

Al final, el ganador recibe un libro sobre innovación...

En educación presencial hay mucho espacio para seguir usando juegos como herramienta para enganchar a los participantes. Creo que si los docentes se le ponen un poco de creatividad pueden ir mucho más allá de la motivación básica de premios y reconocimientos a construir completas aventuras del conocimiento, donde las tareas sean retos emocionantes, el progreso tenga evidencias más creativas que un certificado, donde la competencia exija pensar estrategias nuevas para aprender y aplicar lo aprendido.

El segundo ejemplo no tiene nada que ver con la educación pero es para morirse de la risa, viendo cómo el personaje hace realmente divertida una actividad que es tremendamente rutinaria para muchos. Ahi se los dejo...



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